viernes, 12 de julio de 2013

Guerra mundial Z, Egipto y Snowden


Guerra mundial Z, Egipto y Snowden

Cuando vi Guerra mundial Z me quedó una pregunta en el aire: ¿será otra película más de ficción o es posible que eso pueda pasar, esto es, que haya una plaga Zombie en el mundo? La tentación inmediata por el suspenso y las primeras imágenes, junto con la hipótesis que sostiene la película es que efectivamente la guerra mundial Z es posible, casi una realidad. Pero ya pasado un momento y deteniéndome a pensar más tranquilamente era obvio que esto no era posible, pero entonces me hice una conjetura: si no hay una plaga Zombie literal como lo plantea la película de Brat Pitt, entonces puede haber un tipo de guerra en donde haya una serie de seres parecidos a los Zombies y ahí mi respuesta es afirmativa.

Mi hipótesis central es que nos encontramos efectivamente en una era en donde la amenaza de Zombies es real, pero estos son unos seres un poco particulares, pues no se dedican a comer el cerebro de los humanos (literalmente), ni tampoco tienen un aspecto terrorífico distinto al de los seres humanos, ni temen al sol, son unos Zombies que viven entre nosotros pero que se crearon para desafiar al sistema mismo, para modificar las reglas de juego de los Estados, para derrocar gobiernos y para cuestionar las bases mismas donde se ha establecido un orden que ya no es visto como la mejor forma de conducir a la sociedad.

Estos Zombies han proliferado activamente desde que estallaron varias revueltas en el mundo árabe y no tienen claramente definida su identidad. Se valen de ciertos mecanismos para contagiar su sintomatología, como Facebook, Twitter o youtube y lo cierto es que son una fuente de inestabilidad que hoy por hoy ven los gobiernos y los grandes poderes mundiales como la mayor amenaza de contagio de un virus que se expande: la inconformidad hacia los gobiernos y las formas de orden preestablecido que no satisfacen las expectativas de sus ciudadanos.

Hoy por hoy hay guerras Zombies en Egipto, Siria, Brasil y muchas otras potenciales en donde los pueblos tienen síntomas de este virus mortífero pero que no se han visualizado a nivel internacional. Muchos gobiernos tratan de controlarlo, especialmente los más poderosos y que paradójimente han creado los medios de contagio, inclusive han tratado de controlar este virus con una especie de vacuna que busca vigilar los medios de propagación, pero lo que consiguen es que muchos de sus miembros se terminen convirtiendo en Zombies.

Y eso es justamente lo que pasa con Snowden, pues se ha convertido en un Zombie más de esta guerra mundial en contra de las reglas o formas de ejercer el gobierno hacia los ciudadanos. Nada de esto es nuevo, pues estas formas de gobierno han existido desde que las sociedades modernas (siglos XVI y XVII) han pasado de la disciplina de las conductas al control de las mismas a través de distintas técnicas o dispositivos para interiorizar en los individuos esas pautas, pero lo que sí es nuevo es la forma de combatirla y de buscar denunciarla.

La guerra mundial Z es por tanto eso, una nueva forma de cuestionar el ejercicio del poder por una serie de ciudadanos que se han contagiado (como los Zombies) a nivel mundial a través de las tecnologías de la información y comunicación para denunciar y buscar combatir las estructuras tradicionales, metiéndolas en un campo de control o de incapacidad para ejercer el poder. Esto es la inversión del ejercicio del poder y ya nadie escapa a este virus mundial.

domingo, 30 de septiembre de 2012

El dilema de Europa

El dilema de Europa.

En Europa se está fraguando uno de los mayores dilemas del sistema internacional actual, pues la crisis ha evidenciado tanto las falencias del proceso mismo de integración, como las incontinencias de los Estados Nación a la hora de responder a un proceso de transferencia de soberanía sacrificando asuntos claves para los ciudadanos de sus respectivos territorios. Nada fácil aparece la situación ahora para los llamados países PIGS (los así llamados despectivamente como cerdos Portugal, Irlanda, Grecia y España por sus abollonadas deudas públicas y los problemas sociales que contienen) pues a parte de que desde un lado les atribuyen gran parte de la responsabilidad de la crisis, por otro son los llamados a sonrojarse porque gran parte de su éxito de tiempos atrás no parecía venir de su sana, sólida y atractiva dinámica económica, sino por el influjo de la expansión económica europea atizada por Alemania principalmente. Pero desde otro flanco también se culpa a esta otra economía de su irresponsabilidad en su sistema económico de transferencia de capitales y la falta de fiscalización y prevención frente a esas economías que no parecían muy responsables con sus finanzas.
En una clase con mis estudiantes discutimos este dilema al que se enfrenta una Europa antagónica con poderes contrapuestos y cada vez más criticada y vapuleada en sus sistema de integración. La posición dominante se veía reflejada en una viñeta que ellos mismos construyeron:

Esta refleja que la mano que mece la balanza es Alemania, la cual busca darle un peso sustantivo al Banco Central Europeo, pero también promoviendo medidas de ajuste en los países que requieren un rescate o ayuda a su sistema financiero. Me pareció que esta buena imagen reflejó un consenso según el cual Alemania buscaba un equilibrio que el mismo había roto y las críticas fueron ciertamente duras sobre el papel germano en esta crisis. Por otro lado en un foro de discusión compartido con los estudiantes también apareció una imagen en donde Alemania se mostraba como la que tenía que pagar por los platos rotos de los desmanes de países como Grecia y España:

Esta imagen se hacía una mayor crítica de los otros países frente al flemático carácter alemán y por supuesto virtuoso modelo económico que profesa. En este sentido lo que se muestra es que la carga siempre corre de parte de una responsable economía que parte de la disciplina hacia el trabajo y el compromiso por el ahorro y gasto mesurado.
Frente a esto me hice varios interrogantes ¿realmente frente a la crisis lo que está en juego es quién tiene la responsabilidad, esto es, si Alemania o los mal llamados PIGS? ¿Será que atribuyendo responsabilidades se encontrará la solución a esto? O más aun, ¿en este dilema lo que está en juego es quién es el responsable? La respuesta obvia para mi es que no, pues en el fondo de esto el problema es más grave, a saber, el proceso de construcción de un sistema supranacional que sin querer cuestionar lo cimientos del estado nación va más allá de él y que se convierte en un ente de decisión que va más allá de las voluntades individuales, tanto de los Estados como de los individuos mismos. En este sentido las protestas que se han convocado en los países más afectados por la crisis deberían ser en contra del sistema mismo de la Unión Europea y no contra el Estado Nación, he ahí justamente el dilema, regresar al sistema cerrado del estado nación o seguir abriéndose a un espacio supranacional de verdadera integración.
Cuando comparto con mis estudiantes el concepto de gobernanza global y el rol de las instituciones en ella el caso de la Unión Europea es de los más sobresaliente, pues ha permitido a través de la diplomacia preventiva y la gestión de crisis superar por más de cincuenta años el escenario de guerra y la promoción de un modelo que aun hoy es exitoso y me atrevo a decir que lo seguirá siendo


En este sentido la UE ha marcado unas pautas de conducta y ha establecido unos parámetros que son necesarios y vigentes hoy en día. Lo importante por supuesto frente a este dilema es seguir profundizando en esos mecanismos que le llevaron a los países de la Unión a forjar una identidad y a establecer un modelo a nivel internacional.

lunes, 26 de marzo de 2012

Los riesgos de sentirse solo

Hace poco me encontraba en una clase tratando de explicar a mis alumnos la naturaleza de la sociedad del riesgo mundial, sus implicaciones y las consecuencias que tiene en nuestra vida. A veces en estos casos, —en los que solo yo me creo que estoy descubriendo la fórmula secreta de la cuadratura del círculo— l@s estudiantes se quedan estupefactos y a mí me da un arranque de preocupación (peor que un domingo en BV por la tarde atiborrado de gente) y trato de explicar con ejemplos. Veía que estaba introduciendo un concepto nuevo para ellos —aunque día a día lo vivan— pero que necesitaba ilustración.

Entonces tomé dos casos. Comenté el riesgo de tsunami que hubo en el año 2010 en la región Caribe por el terremoto en Haití y, aunque no se cristalizó, las autoridades se encontraban en alerta por tal amenaza natural. Pero tuve una respuesta contundente de una estudiante: ¡profe si la amenaza no se concretó en un peligro real lo mejor es no pensar en ello! (Como se darán cuenta los estudiantes siempre tienen una mente mucho más sagaz y pragmática que los profesores.) Entonces y dado que ese ejemplo no caló me fui a los riesgos de los países desarrollados.

Entré en un debate sobre cuáles eran los riesgos de los países desarrollados y ell@s —aunque no veían claramente que países como Estados Unidos o Canadá tuvieron riesgos reales— comprendieron el gran costo y problema que, por ejemplo, representa el riesgo de una población mal alimentada y obesa. Creo que al final logré introducirlos en la temática y convencerlos-persuadirlos de que estamos en una sociedad del riesgo mundial.

Pero no satisfecho con estos ejemplos siempre se pueden encontrar otros nuevos en los estudios y notas que a diario aparecen en las noticias. Esta vez me sorprendió un reciente estudio publicado por la BBC que titula: vivir solos, un riesgo para la salud mental. La conclusión del estudio es contundente: “Los investigadores descubrieron que la gente que vive sola compró un 80% más de antidepresivos en los años que duró el estudio que los que vivían acompañados”. Esto ya de por sí me parece un hallazgo de algo evidente: a las personas nos cuesta estar solos, es mejor sentirnos acompañados en la medida que esto refuerza nuestra auto estima y nos estimula. Pero también me pareció sospechoso: el estudio fue realizado en Finlandia que, justamente, tiene una de las tasas más altas de suicidio en el mundo. Puede sacarse una conclusión: la soledad genera depresión y esta puede llevar al suicidio. Como ven es un razonamiento poco riguroso pero bastante disuasorio.

Sin embargo reconozco que este mal razonamiento no me preocupó inicialmente, en realidad me llevó a un fuerte cuestionamiento. ¿Realmente es posible sentirse solo en nuestros días, teniendo en cuenta todas las redes sociales, los siete mil millones de habitantes en el planeta y la posibilidad de visitas de OVNIs al mundo? La verdad creo que la soledad es no sentirse conectado con algo o con alguien y parece paradójico que en los tiempos de la conectividad global haya mayor riesgo por la sensación de soledad.

Pero ante esto me surgió una sensación de tranquilidad: si hay quienes no logran conectarse con las personas de su entorno: familia, mascota, amigos, colegas de trabajo, al menos se pueden conectar con la CIA y ellos sí que saben conectarse con cada uno de nosotros. Hay un super proyecto llevado a cabo en Estados Unidos que se creó, justamente, para saber qué hacías con tu soledad y qué potencial de amenaza podías representar. Con la puesta en marcha de ese proyecto más parecido a la Matrix de la película homónima o al proyecto de Skynet de Terminator me quedó claro que nunca más me iba a sentir solo y que siempre tendría a alguien que entendiera mis gustos y mis preocupaciones: la CIA gracias a Internet. 

lunes, 12 de marzo de 2012

La pobreza no es de tontos

El Banco Mundial publicó un informe en donde percibe avances en la lucha contra la pobreza extrema y que el propósito del Objetivo de Desarrollo del Milenio número uno se ha cumplido, reduciendo la pobreza en estos últimos diez años a la mitad, logro conseguido unos años antes de la fecha propuesta por la cumbre del milenio. Sin duda alguna las estadísticas presentadas por el Banco Mundial son un hecho para celebrar y constituyen un aliento para seguir luchando por el cumplimiento de los otros ODM.
Reconozco que esta buena noticia la leí originalmente en una de las columnas dominicales de Moises Naim. Me gusta leerlo porque tiene, a veces, opiniones interesante sobre tendencias globales. La columna que aparecía en el País de España se titulaba ¡Buenas noticas! Y a parte de hacer un resumen del informe del Banco Mundial arrojaba luces sobre los problemas y causas relacionadas con la pobreza. Pero me llamó poderosamente la atención que al final de su columna comenzó a tratar el tema del Cociente Intelectual, sin citar la fuente, y aunque la busqué con ahínco, él comenta que cada vez más somos inteligentes. No se habla de un informe anual de cociente Intelectual o de estudios comparativos, solo se dice que es otra buena noticia y que parece que estamos avanzando en ese sentido.
Fue así que me di a la tarea de buscar información sobre el cociente intelectual y la relación con la pobreza, pues si el director de una de las revistas de relaciones internacionales (foreign policy, respetado investigador de temas calientes en la globalización) más prestigiosas sugería la conexión entre una y la otra deberían haber estudios que lo sustenten. Y en efecto así es: varios estudios muestran que a mayor nivel de desarrollo, aumenta el coeficiente intelectual, puesto en un mapa, el cociente intelectual más alto caza claramente con los estados de ingreso económico más alto, y los de más bajo ingreso –como se sabe África encabeza la lista– son los que tienen cociente intelectual más bajo.
La primera conclusión que me arrojó esta pesquisa es: ¡la pobreza es cuestión de tontos! En otras palabras, los menos desarrollados ‘intelectualmente’ están condenados a ser pobres. Recuerdo muy bien que de niño en algunas reuniones familiares en donde asistían esos tíos ricos que todos tenemos y que envidiamos pero al mismo tiempo respetamos, hacían comentarios fuertes sobre los pobres y contaban anécdotas cuasi-graciosas, diciendo que no es culpa de ellos, que al final es su condición. Eso me suena a determinismo filosófico y por supuesto me deja incómodo esa opción.
Me parece interesante el hecho de que los países en la medida que van avanzando económicamente su población tenga mejores indicadores de inteligencia, pues en la medida en que mejora la nutrición, el nivel de escolaridad y otros indicadores los habitantes irán ganando en habilidades y destrezas. Básicamente la idea es que la estupidez no es una cuestión fija, sino que va variando y se puede dejar o superar en la medida en que el estado logre niveles económicos aceptables.
Pero si esto es así todavía hay algo que me interroga aun más: ¿por qué sigue siguen existiendo un gran número de países pobres cuando tenemos países ‘inteligentes’ que han logrado salir de la pobreza? No me queda claro cómo ese, cada vez más grande club de ricos inteligentes, no ha logrado sacar de la pobreza a ese gran saco de países pobres-tontos en donde viven aproximadamente mil millones de seres humanos. Me surgió otro cuestionamiento: ¿por qué los ricos-inteligentes no han podido solucionar esto? Si la pobreza es cuestión de tontos entonces los inteligentes deberían tener la solución y con ello llevar definitivamente al Fin de la pobreza.

Creo que si algún anhelo y objetivo debemos tener como sociedades es superar las condiciones de la pobreza, pues esta afecta directamente las condiciones de la dignidad humana. Pero no se puede caer en fórmulas simplistas, ni en atajos rápidos para ello. Según varios informes el gran riesgo de la humanidad en el siglo XXI es la brecha de gobernabilidad que se da entre los países ricos, de ingreso alto y los de ingreso bajo o pobres puede traer serias consecuencias para el desarrollo mundial, si no se logra encontrar el camino para reducir esa brecha, si no se logran superar las condiciones de la pobreza extrema el logro de los inteligentes puede verse seriamente afectado. Al final la pobreza puede ser de tontos, pero superarla requiere la más alta genialidad que aun no han mostrado los genios de los países más ricos del planeta

domingo, 6 de febrero de 2011

Tiempos de cambio en el Norte de África y Oriente Medio ¿Efecto dominó o Efecto Facebook?

Desde las protestas en Túnez a fines del año 2010, que tuvieron como efecto la caída del presidente Ben Alí, hasta las sostenidas protestas en la plaza central del Cairo hay varios elementos comunes que han llevado a pensar en la posibilidad de un efecto dominó en la región, el cual se extendería de Marruecos hasta Arabia Saudita y que tendría como fin principal la liberación de pueblos oprimidos por regímenes opresivos, corruptos y aislados de las necesidades de sus pueblos. El efecto dominó en la región ha llevado al convencimiento de que, efectivamente, vienen tiempos de cambio en el norte de África y Oriente Medio. Pero vale la pena examinar si las protestas son, en realidad, un efecto dominó que producirá cambios de régimen en toda la región.
En primer lugar hay que aclarar qué se entiende por efecto dominó en el ámbito de la política internacional. En el contexto de la Guerra Fría los grandes poderes desplegaban su estrategia de control y dominio mundial a partir de la contención, la cual consistía en consolidar zonas geopolíticamente estratégicas como bastiones de resistencia del avance del gran poder enemigo. Esto implicaba apoyar regímenes autocráticos o dictatoriales con el fin de evitar un mal mayor: el apoderamiento de la potencia rival de un espacio clave. El efecto dominó significaba, justamente, perder algún aliado clave y que esa pérdida tuviese un contagio en toda la región, lo cual podría significar una debacle estratégica en la medida que podría hacer perder zonas de influencia geopolítica.
Ahora bien, gran parte de los hechos recientemente ocurridos en el Norte de África y en Medio Oriente no pueden explicarse a partir de dicho efecto. El cambio de régimen en Túnez y las fuertes manifestaciones en Egipto y Jordania difícilmente podrían ser reproducidas con tanta persistencia y virulencia en Arabia Saudita, Marruecos o Libia, en parte por el estilo opresivo de sus gobernantes, en parte por su capacidad de manejar las fuerzas de la oposición. En todo caso, estos últimos están tomando atenta nota de lo que pasa en sus vecinos y de medidas que deben tomar para evitar escalamientos como los de los otros países. Están aprendiendo que más que la propaganda política burda y la cooptación de la oposición, junto con la represión selectiva de la misma, las redes sociales de internet tienen un efecto movilizador y generador de simpatías masivas.
En gran medida la sed de cambio que tienen los ciudadanos y especialmente los jóvenes en el Norte de África y Medio Oriente (en la gran mayoría de países de la región el promedio de edad no supera los 26 años y la población entre 14 y 29 años representa el 30 por ciento) viene como consecuencia del desgaste de gobiernos corruptos, (el control de la corrupción en los diez países de la región con mayor Producto Interno Bruto es un porcentaje muy bajo según estadísticas del Banco mundial, lo cual los hace estar en las cifras de la ONG Transparencia Internacional, en el ranking de los más corruptos) con incapacidad de modernización de sus sociedades y, sobre todo, alejados de las preocupaciones de los ciudadanos como son el empleo, la baja tasa de alfabetización y las pocas oportunidades de desarrollo humano (según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la región del Norte de África y Oriente Medio se encuentra con Índices de Desarrollo Humano muy bajos; este índice mide el nivel de alfabetización, el ingreso y la tasa de mortalidad en un país, siendo la región una de las que se encuentra a la cola de la lista de países con desarrollo humano bajo).
Y es aquí en donde ha jugado un papel clave en la búsqueda del cambio las redes sociales como Facebook o Twitter, pues a través de ellas no solo se han convocado a las manifestaciones y se han podido denunciar los atropellos de los agentes fieles al régimen estatal, sino que ellas han mostrado a los jóvenes, principalmente, que tienen el derecho de exigir por gobiernos que se ocupen de las necesidades fundamentales de sus ciudadanos. Sin duda alguna, más que el efecto dominó que conllevaría a la réplica inmediata en toda la región y a una caída de los regímenes opresivos y obsoletos, el efecto Facebook hará que los sistemas políticos emprendan reformas y caminen por sendas de modernización y mayor apertura.
En todo esto juegan un rol fundamental los grandes poderes mundiales. Empezando por la Unión Europea, pues valdría la pena que pensaran en replicar el trabajo realizado con Turquía, quien con características semejantes a las de países de la región ha emprendido un proceso de reforma y modernización con miras a su candidatura a la Unión Europea. No se puede pensar que países como Libia o Jordania ingresen en el proceso integracionista, y aunque compartan historia y fronteras comunes, la realidad política está muy lejos de ello, en todo caso, sí deben lograr un proceso político de concertación hacia la modernización y cooperación económica que permita un mayor desarrollo en la región. Por su parte, Estados Unidos, con su tradicional enfoque de priorizar la ayuda militar y en seguridad debe dejar de apoyar regímenes dictatoriales y enfocarse en aspectos de fortalecimiento de la construcción estatal, en especial los programas de generación de empleo y capacitación para los más jóvenes.
Todo lo anterior implica que los tiempos de cambio que se avizoran en Oriente Medio y el Norte de África a partir del denominado efecto Facebook son también un reflejo de los cambios de rumbo que deben tomar actores claves en la política internacional a fin de que más que dedicarse a frenar el efecto dominó por cuestiones de geopolítica se dediquen a la tarea fundamental del desarrollo humano.