lunes, 26 de marzo de 2012

Los riesgos de sentirse solo

Hace poco me encontraba en una clase tratando de explicar a mis alumnos la naturaleza de la sociedad del riesgo mundial, sus implicaciones y las consecuencias que tiene en nuestra vida. A veces en estos casos, —en los que solo yo me creo que estoy descubriendo la fórmula secreta de la cuadratura del círculo— l@s estudiantes se quedan estupefactos y a mí me da un arranque de preocupación (peor que un domingo en BV por la tarde atiborrado de gente) y trato de explicar con ejemplos. Veía que estaba introduciendo un concepto nuevo para ellos —aunque día a día lo vivan— pero que necesitaba ilustración.

Entonces tomé dos casos. Comenté el riesgo de tsunami que hubo en el año 2010 en la región Caribe por el terremoto en Haití y, aunque no se cristalizó, las autoridades se encontraban en alerta por tal amenaza natural. Pero tuve una respuesta contundente de una estudiante: ¡profe si la amenaza no se concretó en un peligro real lo mejor es no pensar en ello! (Como se darán cuenta los estudiantes siempre tienen una mente mucho más sagaz y pragmática que los profesores.) Entonces y dado que ese ejemplo no caló me fui a los riesgos de los países desarrollados.

Entré en un debate sobre cuáles eran los riesgos de los países desarrollados y ell@s —aunque no veían claramente que países como Estados Unidos o Canadá tuvieron riesgos reales— comprendieron el gran costo y problema que, por ejemplo, representa el riesgo de una población mal alimentada y obesa. Creo que al final logré introducirlos en la temática y convencerlos-persuadirlos de que estamos en una sociedad del riesgo mundial.

Pero no satisfecho con estos ejemplos siempre se pueden encontrar otros nuevos en los estudios y notas que a diario aparecen en las noticias. Esta vez me sorprendió un reciente estudio publicado por la BBC que titula: vivir solos, un riesgo para la salud mental. La conclusión del estudio es contundente: “Los investigadores descubrieron que la gente que vive sola compró un 80% más de antidepresivos en los años que duró el estudio que los que vivían acompañados”. Esto ya de por sí me parece un hallazgo de algo evidente: a las personas nos cuesta estar solos, es mejor sentirnos acompañados en la medida que esto refuerza nuestra auto estima y nos estimula. Pero también me pareció sospechoso: el estudio fue realizado en Finlandia que, justamente, tiene una de las tasas más altas de suicidio en el mundo. Puede sacarse una conclusión: la soledad genera depresión y esta puede llevar al suicidio. Como ven es un razonamiento poco riguroso pero bastante disuasorio.

Sin embargo reconozco que este mal razonamiento no me preocupó inicialmente, en realidad me llevó a un fuerte cuestionamiento. ¿Realmente es posible sentirse solo en nuestros días, teniendo en cuenta todas las redes sociales, los siete mil millones de habitantes en el planeta y la posibilidad de visitas de OVNIs al mundo? La verdad creo que la soledad es no sentirse conectado con algo o con alguien y parece paradójico que en los tiempos de la conectividad global haya mayor riesgo por la sensación de soledad.

Pero ante esto me surgió una sensación de tranquilidad: si hay quienes no logran conectarse con las personas de su entorno: familia, mascota, amigos, colegas de trabajo, al menos se pueden conectar con la CIA y ellos sí que saben conectarse con cada uno de nosotros. Hay un super proyecto llevado a cabo en Estados Unidos que se creó, justamente, para saber qué hacías con tu soledad y qué potencial de amenaza podías representar. Con la puesta en marcha de ese proyecto más parecido a la Matrix de la película homónima o al proyecto de Skynet de Terminator me quedó claro que nunca más me iba a sentir solo y que siempre tendría a alguien que entendiera mis gustos y mis preocupaciones: la CIA gracias a Internet. 

lunes, 12 de marzo de 2012

La pobreza no es de tontos

El Banco Mundial publicó un informe en donde percibe avances en la lucha contra la pobreza extrema y que el propósito del Objetivo de Desarrollo del Milenio número uno se ha cumplido, reduciendo la pobreza en estos últimos diez años a la mitad, logro conseguido unos años antes de la fecha propuesta por la cumbre del milenio. Sin duda alguna las estadísticas presentadas por el Banco Mundial son un hecho para celebrar y constituyen un aliento para seguir luchando por el cumplimiento de los otros ODM.
Reconozco que esta buena noticia la leí originalmente en una de las columnas dominicales de Moises Naim. Me gusta leerlo porque tiene, a veces, opiniones interesante sobre tendencias globales. La columna que aparecía en el País de España se titulaba ¡Buenas noticas! Y a parte de hacer un resumen del informe del Banco Mundial arrojaba luces sobre los problemas y causas relacionadas con la pobreza. Pero me llamó poderosamente la atención que al final de su columna comenzó a tratar el tema del Cociente Intelectual, sin citar la fuente, y aunque la busqué con ahínco, él comenta que cada vez más somos inteligentes. No se habla de un informe anual de cociente Intelectual o de estudios comparativos, solo se dice que es otra buena noticia y que parece que estamos avanzando en ese sentido.
Fue así que me di a la tarea de buscar información sobre el cociente intelectual y la relación con la pobreza, pues si el director de una de las revistas de relaciones internacionales (foreign policy, respetado investigador de temas calientes en la globalización) más prestigiosas sugería la conexión entre una y la otra deberían haber estudios que lo sustenten. Y en efecto así es: varios estudios muestran que a mayor nivel de desarrollo, aumenta el coeficiente intelectual, puesto en un mapa, el cociente intelectual más alto caza claramente con los estados de ingreso económico más alto, y los de más bajo ingreso –como se sabe África encabeza la lista– son los que tienen cociente intelectual más bajo.
La primera conclusión que me arrojó esta pesquisa es: ¡la pobreza es cuestión de tontos! En otras palabras, los menos desarrollados ‘intelectualmente’ están condenados a ser pobres. Recuerdo muy bien que de niño en algunas reuniones familiares en donde asistían esos tíos ricos que todos tenemos y que envidiamos pero al mismo tiempo respetamos, hacían comentarios fuertes sobre los pobres y contaban anécdotas cuasi-graciosas, diciendo que no es culpa de ellos, que al final es su condición. Eso me suena a determinismo filosófico y por supuesto me deja incómodo esa opción.
Me parece interesante el hecho de que los países en la medida que van avanzando económicamente su población tenga mejores indicadores de inteligencia, pues en la medida en que mejora la nutrición, el nivel de escolaridad y otros indicadores los habitantes irán ganando en habilidades y destrezas. Básicamente la idea es que la estupidez no es una cuestión fija, sino que va variando y se puede dejar o superar en la medida en que el estado logre niveles económicos aceptables.
Pero si esto es así todavía hay algo que me interroga aun más: ¿por qué sigue siguen existiendo un gran número de países pobres cuando tenemos países ‘inteligentes’ que han logrado salir de la pobreza? No me queda claro cómo ese, cada vez más grande club de ricos inteligentes, no ha logrado sacar de la pobreza a ese gran saco de países pobres-tontos en donde viven aproximadamente mil millones de seres humanos. Me surgió otro cuestionamiento: ¿por qué los ricos-inteligentes no han podido solucionar esto? Si la pobreza es cuestión de tontos entonces los inteligentes deberían tener la solución y con ello llevar definitivamente al Fin de la pobreza.

Creo que si algún anhelo y objetivo debemos tener como sociedades es superar las condiciones de la pobreza, pues esta afecta directamente las condiciones de la dignidad humana. Pero no se puede caer en fórmulas simplistas, ni en atajos rápidos para ello. Según varios informes el gran riesgo de la humanidad en el siglo XXI es la brecha de gobernabilidad que se da entre los países ricos, de ingreso alto y los de ingreso bajo o pobres puede traer serias consecuencias para el desarrollo mundial, si no se logra encontrar el camino para reducir esa brecha, si no se logran superar las condiciones de la pobreza extrema el logro de los inteligentes puede verse seriamente afectado. Al final la pobreza puede ser de tontos, pero superarla requiere la más alta genialidad que aun no han mostrado los genios de los países más ricos del planeta

domingo, 6 de febrero de 2011

Tiempos de cambio en el Norte de África y Oriente Medio ¿Efecto dominó o Efecto Facebook?

Desde las protestas en Túnez a fines del año 2010, que tuvieron como efecto la caída del presidente Ben Alí, hasta las sostenidas protestas en la plaza central del Cairo hay varios elementos comunes que han llevado a pensar en la posibilidad de un efecto dominó en la región, el cual se extendería de Marruecos hasta Arabia Saudita y que tendría como fin principal la liberación de pueblos oprimidos por regímenes opresivos, corruptos y aislados de las necesidades de sus pueblos. El efecto dominó en la región ha llevado al convencimiento de que, efectivamente, vienen tiempos de cambio en el norte de África y Oriente Medio. Pero vale la pena examinar si las protestas son, en realidad, un efecto dominó que producirá cambios de régimen en toda la región.
En primer lugar hay que aclarar qué se entiende por efecto dominó en el ámbito de la política internacional. En el contexto de la Guerra Fría los grandes poderes desplegaban su estrategia de control y dominio mundial a partir de la contención, la cual consistía en consolidar zonas geopolíticamente estratégicas como bastiones de resistencia del avance del gran poder enemigo. Esto implicaba apoyar regímenes autocráticos o dictatoriales con el fin de evitar un mal mayor: el apoderamiento de la potencia rival de un espacio clave. El efecto dominó significaba, justamente, perder algún aliado clave y que esa pérdida tuviese un contagio en toda la región, lo cual podría significar una debacle estratégica en la medida que podría hacer perder zonas de influencia geopolítica.
Ahora bien, gran parte de los hechos recientemente ocurridos en el Norte de África y en Medio Oriente no pueden explicarse a partir de dicho efecto. El cambio de régimen en Túnez y las fuertes manifestaciones en Egipto y Jordania difícilmente podrían ser reproducidas con tanta persistencia y virulencia en Arabia Saudita, Marruecos o Libia, en parte por el estilo opresivo de sus gobernantes, en parte por su capacidad de manejar las fuerzas de la oposición. En todo caso, estos últimos están tomando atenta nota de lo que pasa en sus vecinos y de medidas que deben tomar para evitar escalamientos como los de los otros países. Están aprendiendo que más que la propaganda política burda y la cooptación de la oposición, junto con la represión selectiva de la misma, las redes sociales de internet tienen un efecto movilizador y generador de simpatías masivas.
En gran medida la sed de cambio que tienen los ciudadanos y especialmente los jóvenes en el Norte de África y Medio Oriente (en la gran mayoría de países de la región el promedio de edad no supera los 26 años y la población entre 14 y 29 años representa el 30 por ciento) viene como consecuencia del desgaste de gobiernos corruptos, (el control de la corrupción en los diez países de la región con mayor Producto Interno Bruto es un porcentaje muy bajo según estadísticas del Banco mundial, lo cual los hace estar en las cifras de la ONG Transparencia Internacional, en el ranking de los más corruptos) con incapacidad de modernización de sus sociedades y, sobre todo, alejados de las preocupaciones de los ciudadanos como son el empleo, la baja tasa de alfabetización y las pocas oportunidades de desarrollo humano (según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la región del Norte de África y Oriente Medio se encuentra con Índices de Desarrollo Humano muy bajos; este índice mide el nivel de alfabetización, el ingreso y la tasa de mortalidad en un país, siendo la región una de las que se encuentra a la cola de la lista de países con desarrollo humano bajo).
Y es aquí en donde ha jugado un papel clave en la búsqueda del cambio las redes sociales como Facebook o Twitter, pues a través de ellas no solo se han convocado a las manifestaciones y se han podido denunciar los atropellos de los agentes fieles al régimen estatal, sino que ellas han mostrado a los jóvenes, principalmente, que tienen el derecho de exigir por gobiernos que se ocupen de las necesidades fundamentales de sus ciudadanos. Sin duda alguna, más que el efecto dominó que conllevaría a la réplica inmediata en toda la región y a una caída de los regímenes opresivos y obsoletos, el efecto Facebook hará que los sistemas políticos emprendan reformas y caminen por sendas de modernización y mayor apertura.
En todo esto juegan un rol fundamental los grandes poderes mundiales. Empezando por la Unión Europea, pues valdría la pena que pensaran en replicar el trabajo realizado con Turquía, quien con características semejantes a las de países de la región ha emprendido un proceso de reforma y modernización con miras a su candidatura a la Unión Europea. No se puede pensar que países como Libia o Jordania ingresen en el proceso integracionista, y aunque compartan historia y fronteras comunes, la realidad política está muy lejos de ello, en todo caso, sí deben lograr un proceso político de concertación hacia la modernización y cooperación económica que permita un mayor desarrollo en la región. Por su parte, Estados Unidos, con su tradicional enfoque de priorizar la ayuda militar y en seguridad debe dejar de apoyar regímenes dictatoriales y enfocarse en aspectos de fortalecimiento de la construcción estatal, en especial los programas de generación de empleo y capacitación para los más jóvenes.
Todo lo anterior implica que los tiempos de cambio que se avizoran en Oriente Medio y el Norte de África a partir del denominado efecto Facebook son también un reflejo de los cambios de rumbo que deben tomar actores claves en la política internacional a fin de que más que dedicarse a frenar el efecto dominó por cuestiones de geopolítica se dediquen a la tarea fundamental del desarrollo humano. 

jueves, 12 de agosto de 2010

Venezuela: de la revolución bolivariana a la nación en armas

Hubo un tiempo en que el proyecto revolucionario chavista de emancipar los marginados de su opresión política y económica atrajo tanto a la izquierda diletante europea, como a los más progresistas detractores del consenso de Washington en América Latina. Parecía que más allá de las luchas insurgentes de la guerra fría que dejaron cruentos crímenes y guerras civiles, además de un estado de resentimiento hacia Estados Unidos, se podría consolidar en un país en donde tradicionalmente gobernaron élites corruptas y despóticas un proyecto político que realmente abarcara y promoviera a los más necesitados.
De hecho en documentales como el de John Pilger, guerra sobre la democracia, se pone a Hugo Chávez y su proyecto revolucionario como la respuesta a ese clamor popular por superar las políticas neoliberales que no hicieron sino mantener la marcada tendencia de opresión e imposición de los más ricos sobre los más pobres. Pero cabe preguntar ¿ha sido el proyecto chavista una revolución sin armas? Y también ¿hacia dónde camina la idea de una revolución que cristalice el socialismo del siglo XXI? Tal vez en la respuesta a estos interrogantes tengamos uno de los temas más inquietantes de la geopolítica del hemisferio americano y sin duda un experimento social que miraran con atenta lupa no solo los pueblos latinoamericanos, sino las frágiles repúblicas del este de Europa, algunos estados musulmanes que sienten simpatía por Chávez e inclusive países africanos que no logran cuajar un modelo de desarrollo y de inserción internacional.
Hay que partir de un hecho reconocido, la revolución bolivariana invoca la idea de una nación capaz de promover poderío militar y de defensa, lo cual revoca a la idea de Nación en armas, la cual no es algo reciente, pues se desarrolló desde los inicios del Estado moderno y con Napoleón en Francia se plantea que una nación debe movilizar todos sus recursos, humanos, económicos e ideológicos, para poder imponerse en un enfrentamiento bélico moderno. Si un país quiere evitar que otro Estado lo ataque y lo derrote, debe estar siempre preparado para la guerra. Esta doctrina, marcada por un fuerte nacionalismo supone también que el Estado promulgue leyes sociales. Un obrero explotado no será nunca un buen soldado ni defenderá su patria si no la considera propia.
Se debe reforzar la identidad nacional y la continuación del régimen dominante como algo deseado y con valor para ser defendido por parte de sus ciudadanos; en el caso de Venezuela dentro de las funciones de sus fuerzas armadas nacionales cabe rescatar que dentro del articulo 4 de su constitución está pre-definida como 4ta función del aparato militar: Preparar y organizar al pueblo para la Defensa Integral con el propósito de coadyuvar a la independencia, soberanía e integridad del espacio geográfico de la Nación. Consecuente a esto dentro del Estado de Venezuela se encuentra la denominada Guardia Territorial, constituida por todos los ciudadanos venezolanos que voluntariamente se organicen para cumplir funciones de resistencia local ante cualquier agresión externa. Además se forman otros diversos grupos de seguridad local legal o ilegales que buscan mantener y preservar la "revolución" bolivariana; La mayoría de estos grupos se encuentran fuertemente relacionados con la izquierda extrema política de donde sacan sus militantes y apoyo.
Para que esta movilización sea posible sin embargo se debe tener una clara amenaza(o construcción de ella) a la estabilidad y continuidad del régimen establecido, que sirve de "enemigo" común y factor de cohesión y movilización por parte de estos grupos, además de la creencia que este régimen es deseado y debe ser salvaguardado, el punto central sin embargo es que en el caso Venezolano esta "amenaza" o conjunto de ellas no son masivamente compartidas por la mayoría de la población, solo fracciones radicales parecen estar vinculadas a los procesos de auto-seguridad, mientras la gran mayoría de la población no logra o percibir la amenaza o compartirla, haciendo la existencia de estos grupos un elemento desestabilizador internamente.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

La diplomacia antes que la provocación

Hace bien el gobierno colombiano utilizando los mecanismos diplomáticos, a través del recurso a los organismos multilaterales para denunciar y poner en evidencia las preocupantes declaraciones del mandatario venezolano. Sin duda alguna esto refuerza la convicción de que en su historia diplomática Colombia ha recurrido a los procesos concertados de negociación que buscan garantizar la paz y la seguridad mundial, asunto este con el que se construyó la arquitectura del sistema multilateral después de la segunda guerra mundial y que todos los miembros que han adherido los tratados de las organizaciones intergubernamentales que la componen se han comprometido en resguardar y promover.

Dichas declaraciones de Hugo Chávez, ampliamente recogidas en los medios de comunicación, no se pueden interpretar sino en clave de populismo retórico que busca la movilización nacional en contra de un enemigo externo para lograr unidad interna. No es casual que en momentos en los que el gobierno venezolano arrastra un problema de credibilidad y gobernabilidad interna, como consecuencia ya no solo de la mala gestión y pérdida de fuelle de la idea etérea del socialismo del siglo XXI, sino además del desgaste propio de un gobierno centrado en el culto a la personalidad de un mandatario incendiario y belicoso ─ no hace falta sino ver el guiño constante que le hace a los militares con compras de armamento y declaraciones de su gusto, además de su mismo origen como militar ─, hable cada vez más de vientos de guerra y utilice lenguaje provocador que llama a la preparación para ella.

Si efectivamente el gobierno venezolano considera o ha percibido que el acuerdo militar entre Estados Unidos y Colombia representa una amenaza a su seguridad y que esta podría devenir en un ataque armado tendría todo el peso de la legalidad internacional para recurrir a instancias multilaterales y denunciarlo como un acto que amenaza la paz y seguridad mundial; en tal caso todos los países vecinos y de la región latinoamericana también deberían apoyar y recurrir a esas instancias para denunciar que ese acuerdo representa una fuente de inestabilidad regional y pone en peligro la paz y seguridad mundial. Sin embargo eso no ha sido así y gobiernos como el de Brasil, Perú o Chile aunque tengan desavenencias y soliciten aclarar el contenido del acuerdo para medir sus implicaciones geopolíticas, no van más allá de recomendaciones o de declaraciones que encuadran ese acuerdo en el campo de los asuntos internos de Colombia.

De igual manera, si es cierto que Colombia está perdiendo soberanía por dicho acuerdo y cede competencia en asuntos estratégicos para la dirección nacional eso es problema de los colombianos y su gobierno y en ningún caso representa una amenaza a la paz y seguridad mundial. Ya se ha demostrado con bastante vehemencia desde los años ochenta que en política exterior la batalla de las ideas hay que ganarla en todos los frentes y si el gobierno colombiano quiere reivindicar su imagen deteriorada en el ámbito internacional y regional debe recurrir con toda su tradición y capacidad negociadora para mostrar a la comunidad mundial que quien están instigando con declaraciones explosivas y provocadoras hacia un camino de confrontación bélica es el gobierno venezolano y que dado el caso, y ojalá sea algo simplemente coyuntural, el gobierno colombiano tiene todo el derecho a la legítima defensa, consagrada en los tratados constitutivos de la carta de Naciones Unidas y de la OEA.