Tal y como nos tienen acostumbrados desde el año 2005 el Fund for Peace y la revista Foreign Policy publican por estas fechas su Índice de Estados Fallidos, el cual ha generado una gran polémica y atraído la atención en torno a un asunto central del siglo XXI: el fracaso de los Estados.
Esta fuente se ha convertido en una referencia obligada cuando se habla de los estados fallidos y de los factores de inestabilidad en los mismos; tanto así que el diagnóstico que realizan los informes del Congreso de los Estados Unidos para el presupuesto de la Ayuda Oficial al Desarrollo parte del informe de los estados fallidos del fondo por la paz. Lo anterior no desconoce que hayan otras fuentes que midan o clasifican el nivel de cohesión, legitimidad, respeto de los derechos humanos o seguridad de los estados a nivel mundial. Por ejemplo, una fuente hoy por hoy de referencia obligatoria sobre estos aspectos también la podemos encontrar en el Global Peace Index, en donde los estados se ubican en una determinada posición dependiendo del grado de avance o de respeto y promoción en los asuntos señalados; de igual manera el Center for Systemic Peace tiene en el proyecto Polity IV una fuente poderosa de medición de los estados fallidos y de los múltiples factores que los aquejan. En cualquier caso hay que reconocer que el Índice del Fund for Peace se ha convertido en el más referenciado y conocido, tanto en el ámbito político, como en el académico y diplomático.
El fondo por la paz cataloga anualmente la posición de los países dentro de un rango de indicadores que establecen el nivel de estabilidad o de propensión al fracaso. La muestra tomó en el 2005 un conjunto de 76 países, en el 2006 146 y en el 2007 177; la clasificación por países se divide en 4: situación crítica, en peligro, moderada y la última como sostenible. Cada una de estas categorías es determinada por unos indicadores que tienen en cuenta factores económicos, políticos, sociales. Los datos del informe se recopilan de una gama de fuentes impresas, de radio, televisión y de páginas Web de Internet de la situación mundial, incluyendo informes internacionales, así como datos de ensayos, entrevistas, documentos gubernamentales, estudios independientes de Think Tanks, ONGs, universidades y de entidades financieras. Los expertos repasan cada indicador para cada país y cuando es necesario se consultan los documentos originales para asegurar la exactitud.
Así como ha ocurrido en otros años, en el 2009 el informe destaca asuntos que afectan el fracaso de los Estados y que se convierten en un nuevo lastre tanto para los países sumidos en él como para aquellos actores del sistema internacional que de una u otra manera se ven afectados por los mismos. En este caso uno de los problemas que más destaca el informe es el efecto de la crisis económica mundial para los estados fracasados, pues por culpa de esta su renta per cápita se va a ver diezmada considerablemente: "El festín se vio truncado cuando el precio del petróleo se hundió; muchos países productores se vieron obligados a reducir drásticamente su presupuesto, y parece que 2009 va a ser igual de duro. Veinte Estados frágiles (de los 56 sobre los que hay datos) probablemente sufrirán una disminución real de la renta per cápita en 2010 a causa de la crisis mundial y la bajada del precio de las materias primas. Guinea Ecuatorial y Nigeria, países ricos en petróleo, podrían sufrir caídas del 13,5% y el 9,5 %, respectivamente". De igual manera el informe advierte sobre los peligros de la propensión al fracaso de muchos estados, los cuales se vuelven intratables cuando entran al despeñadero del fracaso o los problemas con Irán, junto con las islas de falsos remansos en los estados más turbulentos del mundo y que representan un bocado di cardinale para los grupos más extremistas dispuestos a hacerse notar con golpes que resuenan mundialmente.
Ahora bien, hay que destacar la voz crítica dentro del informe sobre su metodología de medición y los resultados que arroja, pues "hay otros resultados igualmente confusos. ¿Es posible que Nigeria, que sufre algo de violencia pero cuyo estado mantiene el control, esté peor clasificada que Sri Lanka, con toda su historia reciente de conflicto interno? ¿Colombia, con dos o tres guerras civiles internas que dan sus últimos coletazos, debe estar en el puesto 41 mientras Bolivia, con su actual movimiento secesionista, aparece mejor clasificada?. Son preferibles distinciones más finas y precisas, especialmente cuando se trata de los países menos eficaces y más complicados. Un sistema de clasificación más objetivo sería más útil para los políticos a la hora de analizar las opciones disponibles para cada país."
Este a mi modo ver es uno de los puntos críticos del informe, pues en la medida en que tal y como Fukuyama afirma que “…los Estados débiles o fracasados causan buena parte de los problemas más graves a los que se enfrenta el mundo, como son la pobreza, el sida, las drogas o el terrorismo. La capacidad de fortalecer o crear, partiendo desde la base, instituciones y competencias estatales hasta ahora ausentes ha pasado a ocupar un lugar prioritario en la agenda global y probablemente se haya convertido en un requisito imprescindible para garantizar la seguridad en importantes partes del mundo. La debilidad del Estado constituye un asunto de primer orden tanto en el ámbito nacional como internacional (FUKUYAMA, Francis (2004): La construcción del Estado. Hacia un nuevo orden mundial en el siglo XXI, traducción de María Alonso, Barcelona, Ediciones B. pp. 9 y 11-12.)”, estos son suceptibles de acción internacional y más que eso de Intervención Internacional.
Gran parte de la ayuda de los países miembros del G-7 ha estado destinada desde el 2002 a los países fracasados o que tienen propensión al fracaso, sin embargo esa ayuda se ha destinado, principalmente, hacia los imperativos estratégicos de la guerra contra el terrorismo. Paquistán, Serbia, Colombia, Nigeria, Afganistán, Sudán, República Democrática del Congo y Camerún son solo algunos de los casos que muestran el enfoque de la ayuda hacia países potencialmente fracasados y que pueden representar un foco de inestabilidad regional o mundial. El prestigioso economista de la Universidad de Oxford, Paul Collier, afirma que: "... la intervención militar, dentro de los debidos límites, tiene un papel crucial que desempeñar -en estos estados-, y puede proporcionar a los ciudadanos la seguridad y la exigencia de responsabilidad política indispensable para el desarrollo. (COLLIER, Paul (2009): Guerra en el Club de la Miseria. La democracia en lugares peligrosos, traducción de Víctor V. Úbeda, Madrid, Turner. pp. 23)".
Si estas consideraciones son tomadas en serio por los Policy Makers, y todo parece indicar que así es, el Índice de Estados Fallidos podría arrojar una visión errónea de hacia dónde se deben dirigir las acciones internacionales. Es por ello necesario tener en cuenta que esta medición puede ser orientativa, pero no la única, pues tal y como mencioné hay otras fuentes que nos permiten identificar este fenómeno. Si no se cuentan con distintas fuentes o se traga entero una metodología de análisis que no está del todo explicitada en la fuente se corre un serio riesgo de incurrir en intervenciones, ya sean militares, humanitarias o económicas que algunos autores consideran hipocresía organizada. (KRASNER, Stephen D. (2001): Soberanía: hipocresía organizada, traducción de Ignacio Hierro, Barcelona, Paidós).
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