Hubo un tiempo en que el proyecto revolucionario chavista de emancipar los marginados de su opresión política y económica atrajo tanto a la izquierda diletante europea, como a los más progresistas detractores del consenso de Washington en América Latina. Parecía que más allá de las luchas insurgentes de la guerra fría que dejaron cruentos crímenes y guerras civiles, además de un estado de resentimiento hacia Estados Unidos, se podría consolidar en un país en donde tradicionalmente gobernaron élites corruptas y despóticas un proyecto político que realmente abarcara y promoviera a los más necesitados.
De hecho en documentales como el de John Pilger, guerra sobre la democracia, se pone a Hugo Chávez y su proyecto revolucionario como la respuesta a ese clamor popular por superar las políticas neoliberales que no hicieron sino mantener la marcada tendencia de opresión e imposición de los más ricos sobre los más pobres. Pero cabe preguntar ¿ha sido el proyecto chavista una revolución sin armas? Y también ¿hacia dónde camina la idea de una revolución que cristalice el socialismo del siglo XXI? Tal vez en la respuesta a estos interrogantes tengamos uno de los temas más inquietantes de la geopolítica del hemisferio americano y sin duda un experimento social que miraran con atenta lupa no solo los pueblos latinoamericanos, sino las frágiles repúblicas del este de Europa, algunos estados musulmanes que sienten simpatía por Chávez e inclusive países africanos que no logran cuajar un modelo de desarrollo y de inserción internacional.
Hay que partir de un hecho reconocido, la revolución bolivariana invoca la idea de una nación capaz de promover poderío militar y de defensa, lo cual revoca a la idea de Nación en armas, la cual no es algo reciente, pues se desarrolló desde los inicios del Estado moderno y con Napoleón en Francia se plantea que una nación debe movilizar todos sus recursos, humanos, económicos e ideológicos, para poder imponerse en un enfrentamiento bélico moderno. Si un país quiere evitar que otro Estado lo ataque y lo derrote, debe estar siempre preparado para la guerra. Esta doctrina, marcada por un fuerte nacionalismo supone también que el Estado promulgue leyes sociales. Un obrero explotado no será nunca un buen soldado ni defenderá su patria si no la considera propia.
Se debe reforzar la identidad nacional y la continuación del régimen dominante como algo deseado y con valor para ser defendido por parte de sus ciudadanos; en el caso de Venezuela dentro de las funciones de sus fuerzas armadas nacionales cabe rescatar que dentro del articulo 4 de su constitución está pre-definida como 4ta función del aparato militar: Preparar y organizar al pueblo para la Defensa Integral con el propósito de coadyuvar a la independencia, soberanía e integridad del espacio geográfico de la Nación. Consecuente a esto dentro del Estado de Venezuela se encuentra la denominada Guardia Territorial, constituida por todos los ciudadanos venezolanos que voluntariamente se organicen para cumplir funciones de resistencia local ante cualquier agresión externa. Además se forman otros diversos grupos de seguridad local legal o ilegales que buscan mantener y preservar la "revolución" bolivariana; La mayoría de estos grupos se encuentran fuertemente relacionados con la izquierda extrema política de donde sacan sus militantes y apoyo.
Para que esta movilización sea posible sin embargo se debe tener una clara amenaza(o construcción de ella) a la estabilidad y continuidad del régimen establecido, que sirve de "enemigo" común y factor de cohesión y movilización por parte de estos grupos, además de la creencia que este régimen es deseado y debe ser salvaguardado, el punto central sin embargo es que en el caso Venezolano esta "amenaza" o conjunto de ellas no son masivamente compartidas por la mayoría de la población, solo fracciones radicales parecen estar vinculadas a los procesos de auto-seguridad, mientras la gran mayoría de la población no logra o percibir la amenaza o compartirla, haciendo la existencia de estos grupos un elemento desestabilizador internamente.
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