Sin duda alguna está de moda o es pan de cada día hablar, debatir y comentar sobre las Relaciones Exteriores de Colombia o, por lo menos, las relaciones con sus países vecino o aliados estratégicos. Fue algo sorprendente lo que pasó el viernes 28 de agosto con la reunión extraordinaria de UNASUR y no por el contenido de la misma, sino por su impacto tanto en los medios escritos como en televisión y radio. Recuerdo que caminaba hacia un curso que tenía todo ese fin de semana y con premura tomé los audífonos de mi teléfono para escuchar la radio, pero no fue necesario, pues en todas partes estaban pasando dicha cumbre. Los medios, por supuesto están entendiendo y aprovechando cada vez más el enganche de estos encuentros, publicitando esos contenidos porque atraen cada vez más, pues ya nadie se quiere perder las luchas o contiendas que se dan en esos foros.
En el contexto político internacional en el que nos movemos, caracterizado por el fenómeno de la Globalización, parecería que eso es apenas natural, es decir, cualquiera tendría que interesarse por la política exterior o por las relaciones de su país con el mundo, dado que lo que sucede en este, determina en gran medida, los derroteros de aquel. Sin embargo, en un país como Colombia esto no ha sido del todo claro, puesto que los colombianos más mediatizados por sus problemas internos, sobre todo por los asuntos del conflicto y la pobreza, han hecho que la atención gire casi que exclusivamente sobre sus asuntos nacionales.
Recuerdo también que hace unos 3 o 4 años los contenidos de los noticieros y reportes de prensa no recurrían mucho al análisis o al desglose de problemas internacionales, sino a cuestiones anecdóticas sobre la política mundial, solo se profundizaba si se tocaban ciertos intereses nacionales como el precio del café o del petróleo o de pronto temas relacionados con la política de Estados Unidos.
De hecho si se hace memoria en los primeros años del gobierno de Alvaro Uribe con su política de austeridad fiscal lo que primero se suprimieron fueron determinadas representaciones diplomáticas y cuerpo diplomático en el mundo, alegando su inutilidad frente a los inmensos problemas nacionales. Puede que esto se vuelva a replantear, aún no se sabe, pero lo cierto es que la sociedad colombiana en su conjunto, incluidos medios de comunicación, sociedad civil organizada, empresarios y académicos tienen una mayor conciencia de que estos asuntos requieren una representación clara y efectiva de sus intereses en las políticas del gobierno. No hay sino que dar un repaso a los medios de prensa electrónicos que muestran la preocupación de los comerciantes sobre la crítica relación con Ecuador y Venezuela. Ya no estamos en los tiempos en que la política no afectaba la economía.
Es por esto que el I Congreso de la Red Colombiana de Relaciones Internacionales que se realizará los días 3 y 4 de septiembre en la Universidad del Norte en Barranquilla, constituye un primer avance para que algunos de los sectores de la sociedad civil -en su gran mayoría el sector académico- pueda debatir, proponer y construir pensamiento no solo en torno a la Política Exterior Colombiana, sino también sobre los distintos problemas que aquejan al conjunto de las Relaciones Internacionales. El Congreso se despliega a partir de tres líneas temáticas: Relaciones Internacionales de Colombia. Seguridad e Integración y Globalización. En cada una de estas se abordarán entre otras y desde distintas perspectivas las relaciones con los vecinos, el estado de los procesos de integración o las dinámicas hemisféricas, así como asuntos peliagudos como la reforma del consejo de seguridad de la ONU, las problemáticas geopolíticas o las implicaciones de la crisis económica mundial para el devenir de la globalización. Todos estos temas centrales de la agenda internacional.
El congreso ha despertado una gran expectativa y acogida tanto en los medios como en el público en general que ya ha colmado los cupos de inscripción. Esto comprueba que en Colombia hay cada vez más un interés por los asuntos internacionales y que es necesario que todos los actores afectados -que en últimas somos todos los colombianos- por las decisiones del gobierno en materia de política exterior participen y construyan propuestas para una política exterior acorde a sus intereses y de calidad conforme a las exigencias del siglo XXI.
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